martes, 19 de octubre de 2010

Tras la Córdoba Argentina

Estancia Caroya - Cordoba - ArgentinaCórdoba se encuentra en el corazón geográfico de la República de Argentina. Su clima benigno, su privilegiada situación y su moderno aeropuerto, con tres vuelos diarios desde Madrid, le convierte en un destino “de todo y para todos”. Esta provincia cuenta con hoteles de primer nivel, una excelente gastronomía con productos naturales que ofrece la tierra, espacios de arte, centros de compras y una privilegiada naturaleza.

La capital es un prestigioso centro cultural y académico, ya que atesora la universidad más antigua de Argentina. A ella acuden jóvenes de todo el país y del mundo, buscando no solamente una formación profesional, sino el aprendizaje del idioma español. Córdoba alberga diferentes regiones, cada una de ellas con su propio sello y personalidad. La Región de la Punilla, cuenta con espectaculares ciudades y el inigualable lago San Roque; la Región de la Historia, destaca por su patrimonio cultural y por el confort de las Sierras Chicas; la Región de Traslasierra, se distingue por sus altas cumbres y la alegría de sus habitantes; la Región de los Grandes Lagos, cuenta con una importante cultura centroeuropea y una exquisita gastronomía. ; y la Región de Mar Chiquita, sorprende con una inmensa laguna salada de 6.000 km2.

Vallas donde vallas, en cualquier rincón, estarán presentes sus multitudinarios festivales y fiestas populares. Sus exclusivos campos de golf se encuentran en marcos de incomparable belleza, y para aquellos que buscan escenarios naturales para los deportes de aventura, existen posibilidades para la práctica del parapente, senderismo, arborismo y puentes colgantes, escalada en roca y BTT por nombrar solo algunos de ellos.

Estancias Jesuíticas

Cordoba - ArgentinaEntre 1599 y 1767 la Compañía de Jesús en Córdoba estableció un sistema espiritual-cultural y productivo, que dejó fuertes huellas en el posterior desarrollo económico y cultural de la provincia. El resultado a día de hoy son seis estancias jesuíticas: Caroya, Jesús María, Santa Catalina, Alta Gracia, La Candelaria y San Ignacio, declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad al reconocer sus valores patrimoniales e históricos. En nuestro caso hemos visitado dos de ellas.

Estancia Caroya: se trata del primer establecimiento rural creado por la compañía en el año 1616. En la actualidad se trata de un Monumento Histórico Nacional y Provincial que conserva su estructura colonial, y que incluye visitas al edificio histórico y al Museo Histórico.

Estancia Jesús María: esta bella estancia fue el segundo núcleo productivo de la  Compañía de Jesús. Se construyó en el año 1618 y se caracterizó por su producción vitivinícola de gran calidad, cualidad que se ha mantenido hasta nuestros días. En la visita se puede disfrutar de la iglesia, la bodega, la residencia y los restos de antiguos molinos. Todo el conjunto ha sido declarado Monumento Histórico Nacional y es la sede del Museo Jesuítico Nacional, con importantes pinturas y objetos de los siglos XVII y XVIII.

Iglesia CatedralIglesia de las TeresasIglesia Catedral


Museo Casa Ernesto CHE Guevara



Ernesto Guevara nace en la pequeña ciudad argentina de Rosario en el año 1928. Poco después se traslada a la localidad de Alta Gracia donde permanece desde los 4 a los 16 años. El clima seco de esta sierra favorece la recuperación de su enfermedad, ya que Ernesto tenía asma.

Museo Casa Ernesto Che


Al Che le gustaba leer, jugar al ajedrez, el golf y el rugby, pero por encima de todo estaba el viajar, realizando sus primeras excursiones por las sierras de  Alta Gracia.

Durante sus estudios universitarios, el Che realizo tres viajes importantes. El primero de ellos le llevó a recorrer 12 provincias de Argentina en una bicicleta a motor. El segundo fue más lejos, en concreto a América del Sur, con una motocicleta. Por último, siendo ya médico, volvió a América donde encontró a Fidel Castro, en México, lugar en el que comenzó a gestarse la Revolución Cubana.

Hoy Villa Nydia abre sus puertas al turismo como Museo Casa Ernesto Che Guevara. La visita guiada resulta apasionante, amena y entretenida. Desde MANBOS os la recomendamos.



Museo Manuel de Falla

Museo Manuel de FallaManuel de Falla es uno de los compositores españoles más destacados del siglo XX. Nació en Cádiz en 1876. De niño estudió música con su madre ampliando su formación en el Conservatorio de Madrid. En el año 1905 comenzó a gestarse como genio al componer “La Vida Breve”. Entre 1907 y 1914 estudió y trabajó en París. Al comenzar la Primera Guerra Mundial retorna a Madrid, época en la que compone “El Amor Brujo” y “El Sombrero de Tres Picos”. En 1939, fija su residencia en Argentina, mudándose a Córdoba ya que padecía una enfermedad pulmonar y su médico así se lo aconsejó. En 1942, busca el clima seco de Alta Gracia, lugar en el que pasó sus últimos días, al fallecer el 14 de noviembre de 1946.

En la actualidad la casa desempeña la función de Museo Manuel de Falla.



La Cumbrecita

La Cumbrecita


Un estado natural. De eso se trata este bello pueblo. Una perfecta armonía que combina la mano del hombre con ríos, arroyos, sierras, flores silvestres, cóndores, zorros y ardillas. La Cumbrecita es el primer pueblo peatonal de la República de Argentina, con status de Reserva Natural de Uso Múltiple.


La Cumbrecita nace a1.450 metros sobre el nivel del mar, sobre la falda oriental de las Sierras Grandes de la provincia de Córdoba, en el Valle de Calamuchita. La principal característica de La Cumbrecita fue y será siempre la de ser un estado natural en el que se prioriza el medio ambiente, la armonía, el silencio, el descanso del ruido, las caminatas y el encuentro con nuestro interior. Las cosas simples, la esencia del ser humano y de su entorno, forman parte de su principal valor como pueblo. Por eso, cada viajero es un amigo por hacer, cada turista es único y será un nuevo amante de La Cumbrecita.

Villa General Belgrano

Villa General Belgrano


Villa General Belgrano es un pueblo de estilo centroeuropeo que comenzó a forjarse en el año 1932, con la llegada de varios inmigrantes alemanes, suizos y austriacos. En 1940 llegaron los marineros del acorazado "Graf Spee" y comenzaron a trabajar junto a los lugareños para construir este pueblo que se convirtió en uno de los centros turísticos más apreciados de Argentina. Pero si por algo es conocido este lugar en todo el mundo, es por la fiesta de la cerveza (Oktoberfest) que se desarrolla todos los años.


Todo comenzó entre 1963 y 1964 cuando un enorme carro tirado por caballos llegaba a la plaza José Hernández . Dentro de ese carro se encontraban los acordes de la contagiosa música de la Bauernkapelle Fritz que cuando se bajaban las compuertas daban por iniciada la fiesta. Con los años y al sumarse más delegaciones que iban a la fiesta para brindar, dieron comienzo a los desfiles por la calle céntrica. A mediados de los años 70 algunos vecinos ataviados con sus trajes típicos de Alemania comenzaron a crear la idea de hacer algo similar a los majestuosos desfiles de Munich.

Villa Carlos Paz

La Ciudad de Villa Carlos Paz se asienta en un fértil valle, con numerosos manantiales, cascadas, lagunas, remansos, arroyos e incluso saltos de agua de más de 25 metros. Es el lugar ideal para la práctica de los deportes de aventura: mountain bike, rappel, escalada, pesca, trekking y excursiones guiadas. Asimismo, en Villa Carlos Paz se puede disfrutar de una exquisita gastronomía. Por la mañana nos despierta el aroma del pan casero, al que acompañan mermeladas artesanales, jugos de frutas y tes de hierbas serranas. En el almuerzo, nos esperan exquisitos manjares regionales como los chivitos, corderos y truchas, acompañados de papas y verduras. Durante la merienda, se puede disfrutar de masas y tortas caseras frente a una lumbre de fuego y al caer el sol, entre lo rústico y acogedor, se pueden degustar deliciosas ensaladas serranas y pescados a la plancha. Una amplia carta de vinos acompaña a estos platos para deleitar hasta el más exigente comensal.



La Cumbre

La Cumbre


Recorrer La Cumbre significa perderse en la verde serenidad del valle y la montaña. El golf fue el deporte que le dio a conocer, al que se sumarían con el tiempo actividades como el aladeltismo, parapente, mountain bike y montañismo. No menos importantes son las cabalgatas, algunas a la luz de la luna, o el solaz de las caminatas por quebradas y las faldas de la montaña, en compañía de una privilegiada fauna y flora.


Una importante infraestructura hotelera y un circuito gastronómico para los paladares más exigentes, esperan a sus visitantes todo el año y para aquellos que buscan la tranquilidad, existe un recorrido artístico-cultural que nos muestra la obra de más de 30 artistas que eligieron desarrollar su vida en esta localidad.

Con aromas de lavanda, el silbido de la calandria o con velas surcando el cielo, en La Cumbre se comparte  el espíritu de aventura o la placidez del infaltable “té a las cinco”. No podía ser de otra manera en un lugar imperdurable, casi al estilo inglés.

El Golf Club se encuentra a 1 km de la zona céntrica y es considerado uno de los más bellos de nuestro país. Son 18 hoyos y par 70 con una longitud de 5463 m para caballeros y 4810 para damas.

Caballo en La CumbreCaballo en La CumbreCaballo en La Cumbre


TE ACONSEJAMOS

Azur. El primer Hotel Boutique de la Ciudad de Córdoba.

Hotel Azur


Este pequeño hotel de lujo se encuentra situado en el corazón de la zona comercial y centro histórico de Córdoba. Es de estilo academicista-ecléctico, en el que se preservan y se resaltan los elementos patrimoniales de valor, otorgando a su vez un carácter contemporáneo. Cuenta con 14 habitaciones de características únicas, con estilo arquitectónico y de diseño moderno. Están equipadas con los mejores servicios: TV LCD, INTERNET WI FI y LAN, caja de seguridad digital, bar, ducha escocesa, sábanas de percal americano de 180 hilos y escritorio de trabajo.

Dispone de un restaurante, el Papagayo, que se ha convertido en una de las más exclusivas propuestas gastronómicas de la ciudad de Córdoba. Javier Rodríguez Arias, es el chef y cuenta con una dilatada experiencia internacional.

San Jerónimo 243/257. Córdoba. Tel. 421 5878/ 421 0797. www.azurrealhotel.com

La Posada del Qenti.

Es el primer Hotel de Alta Montaña de la provincia de Córdoba. Inmerso en un entorno natural, dentro de la Reserva Hídrica Provincial y lindando con el Parque Nacional Quebrada del Condorito, éste especial Resort se extiende con más de 1000 hectáreas.

La Posada del Qenti


La Posada fue reconocida como el Primer Complejo Nacional especializado en Spa y Turismo de Salud, y reelegida como el mejor Spa de la Argentina.

Dispone de un circuito diario de hidroterapia: sauna, hidrospá ozonizado, baño de inmersión con hidrojets, ducha a vapor, sala de relax con aromaterapia e hidrocaminador.

Ruta 14 – Km 14,5 – Icho Cruz

Villa Carlos Paz

Tel. 3541- 495715 begin_of_the_skype_highlighting              3541- 495715      end_of_the_skype_highlighting

laposada@qenti.com

www.qenti.com

Hotel Holiday Inn.

Para aquellos que desean pasar unos días en la ciudad de Córdoba, es una de las opciones más recomendadas. Cuenta con una piscina climatizada, gimnasio y sauna y un buen restaurante.

Centro Comercial Libertad

Tel. 477 9100

www.holidayinncba.com.ar

Restaurante y Suites La Colina. Este establecimiento se distingue no solo por la calidad de sus habitaciones, sino además por su cocina, capaz de producir platos únicos. El entorno natural que rodea al pueblo, brinda ingredientes naturales de excelente calidad que hacen de este restaurante una de las mejores opciones para comer en todo Córdoba.

Tel. 481 063

Cómo llegar

La mejor opción para llegar a Córdoba es la compañía de vuelo Iberia que ofrece tres vuelos semanales desde la ciudad de Madrid. Martes, jueves y sábados a la 1.35 h. Llegada a las 9.25h hora local.

www.iberia.com

Estancia Alta GraciaEstancia Jesus MariaLlamas



lunes, 18 de octubre de 2010

Alto Bigorre


Parque Nacional de los Altos Pirineos



Enclavado en el corazón de los Altos Pirineos franceses, la comarca de Bigorre nos ofrece un sin fin de atractivos: paraísos naturales, tesoros culturales, el buen comer y sobre todo, la hospitalidad de sus gentes.


Cada año, 5 millones de personas acuden al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, empujados por su espiritualidad. Gentes de todo el mundo, de diferentes culturas y religiones que buscan en la fuerza y la belleza de este lugar, un poco de tranquilidad. En el ambiente espiritual que se percibe, todos los peregrinos sienten la acogida de la Virgen María,  de ahí la existencia de conversiones y curaciones milagrosas que según nos dicen han sido comprobadas científicamente.


Basilica del Rosario Lourdes
Lourdes era una pequeña aldea que tenía  una colina rocosa conocida como la Massabielle, que significa "Rocas Viejas". En su interior se encontraba una gruta en la que crecían rosales silvestres y ahí fue, según cuenta la leyenda popular, donde se produjeron las apariciones marianas mas famosas de la historia en el año 1858 a una niña llamada Bernadette Soubirous. Hoy día, aquella ruta se ha convertido en un santuario de peregrinación sobre la que se la edificado la Basílica de la Inmaculada Concepción.


Basilica del Rosario-LourdesBasilica del Rosario-Lourdes




La histórica ciudad de Tarbes es la capital de la Bigorre. Pasear por sus calles y descubrir los bellos rincones es una delicia. El jardín de Massey , la iglesia de San Juan, la catedral del Séde , o el Colegio imperial, son lugares que no nos debemos perder.


Cerca de Tarbes, rodeado de majestuosas montañas, se sitúa la pequeña villa pirenaica de Bagnéres de Bigorre. Las propiedades curativas de sus aguas -bajo las que nació la urbe-, han atraído durante siglos a nobles y artistas que han dejado huella en la arquitectura y en los tesoros de la ciudad. Las estrechas calles, que conservan casas del siglo XVI, el Parque termal o la Gruta natural de Médous son algunos atractivos de los que podemos disfrutar. Pero lo mejor de todo es deleitarse en el agua que tanta fama le ha dado a Bagnéres de Bigorre en Aquensis, un centro termal abierto hace tan solo un año, construido sobre un antiguo Casino del siglo XIX.

Aquensis-Resort-Spa-ThermalAquensis-Resort-Spa-Thermal


Su decoración de madera y cristal es única y sus 3000 metros cuadrados de instalaciones están dedicadas por completo al termalismo.

Parque Nacional de los Altos Pirineos


A pocos kilómetros se encuentra el Castillo de Mauvezin, que pertenece a las fortificaciones pirenaicas de Gastón de Fébus. Su delicada reconstrucción y los maravillosos paisajes que se divisan desde la torre del homenaje justifican la visita.

El pico de Midi de Bigorre preside la región. Dos teleféricos nos elevan hasta los 2877 metros de altitud que posee, sobre un desnivel de 1077 metros. En la cumbre se ubica un importante observatorio –lugar de investigación fundado en 1880- desde el que se estudia el sol y otros objetos celestes. En el museo que allí se encuentra podremos conocer la historia del observatorio o aprender algo más del universo. Pero sin duda lo mejor es disfrutar de las vistas panorámicas que ofrece de toda la cadena pirenaica. ¡Todo un espectáculo!.


Alojamiento


Relais de Pyrenees Hotel y restaurante
Desde Manbos te recomendamos el Hotel Relais des Pyrenees (www. relais des pyrenees). Se encuentra en la localidad de Bagneres de Bigorre y es un lugar ideal para el descanso. Dispone de un interesante restaurante (Restaurant Briques et Marronnier) donde se elabora comida de diseño que cumple con las expectativas de los paladares más exquisitos. El trato es cordial y hablan español. Las habitaciones son confortables y silenciosas.  Además cuenta con sauna y jacuzzi.

Relais de Pyrenees Hotel y restauranteRelais de Pyrenees Hotel y restaurante



Fotos: Victor Expolio  Texto: Monse Berlinches

lunes, 17 de mayo de 2010

Finnmark, Noruega: La esquiva dama del Norte

Imposible evadirse de esa inquietante sensacion de soledad que envuelve la noche ártica. Horas y horas de oscuridad, apenas mitigada por el reflejo de las estrellas sobre un manto de nieve y hielo que se antoja infinito, eterno...








En lugar de estar aquí, en medio de esta gélida nada, apetecería regresar a la austera y cálida cabaña de madera en que nos alojamos. Sin embargo, sabemos (intuimos más bien) que nuestra vigilia a 20 grados bajo cero merece la pena: asistiremos, quizás, a uno de los más bellos fenómenos de la naturaleza.


De pronto, cuando casi estamos a punto de perder la sensibilidad de nuestros pies, algo aparece en el cielo. Al principio se trata de una pequeña nube de aspecto blanquecino que baila en la oscuridad, movida por un viento inexistente. Poco a poco, la nubecilla se va haciendo algo más grande, al tiempo que otras se unen a su danza mientras van mutando de color: del blanco inicial a un verde entre metálico y esmeralda... Al fin, la aurora boreal ha venido a nuestro encuentro, comportándose como lo que es: una gran diva, esquiva y seductora.







La noche anterior, sobre la cubierta del barco de la compañía Hurtigruten, la que recorre buena parte de la costa noruega aun en las condiciones más extremas, la aurora jugó con nosotros hasta desesperarnos y, cansados de sus caprichos, acabar llevándonos al interior de la nave, en busca de la calidez del bar y de algún licor de elevada graduación alcohólica.








Fue poco después de doblar Cabo Norte, cuando nuestro barco abandonó el refugio que nos proporcionaban los numerosos fiordos del perfil costero de la región de Finnmark, para abrirse paso entre las profundas aguas del Mar de Barents.









Pero eso fue anoche. Porque el soberbio espectáculo de luz y color que estamos contemplando ahora paga con creces tanta espera e, incluso, la incontrolable sensación de mareo que sufrimos sobre la cubierta del Richard With, movido a su antojo por las poderosas olas del mar.









La realidad es que las posibilidades de observar este fenómeno atmosférico en Noruega son tantas como noches. Es decir, las auroras boreales pueden verse en cualquier momento desde noviembre hasta marzo, e incluso más allá de esos meses, siempre que haya oscuridad en el cielo. Pero, en la práctica, los avistamientos dependen mucho de la casualidad y de diversos elementos meteorológicos. Por ejemplo, cuanto más intenso sea el frío, más posibilidades habrá de disfrutar del espectáculo, siempre y cuando el cielo no esté cubierto de nubes, claro.


Pero también hay factores previsibles. Desde hace varias décadas, los físicos del Observatorio de Auroras Boreales de Alta, uno de los lugares de Noruega con mayor cantidad de avistamientos, están trabajando para determinar los momentos más propicios. Junto a sus colegas de la Universidad de Tromso, han logrado predecir los periodos de mayor proliferación de auroras boreales estudiando el comportamiento de las partículas solares que colisionan con nuestra atmósfera. La reacción que se produce cuando los vientos solares, atrapados por el magnetismo de la Tierra, entran en contacto con los gases atmosféricos (oxígeno, nitrógeno, helio...) explica no sólo la aparición de las auroras boreales, sino también su variedad cromática. Pues bien, esos expertos han llegado a la conclusión de que se produce una punta inusitada de auroras boreales cada siete años, en función de la rotación solar y de la posición de nuestro planeta respecto a esa estrella. Por eso, se sabe que, frente al mal año de avistamientos que ha sido 2010, las dos próximas temporadas traerán muchos e intensos espectáculos boreales.






Pero si la cuestión científica sobre las "luces del Norte" puede resultar algo compleja para los profanos en la materia, su carácter legendario las convierte en uno de los principales atractivos para quienes se animan a visitar Noruega en invierno.


Resulta una auténtica delicia escuchar la explicación que le dieron al fenómeno los primeros pobladores de estas tierras extremas. Sentados en un lavo, tienda a base de madera y pieles de reno, que es la tradicional vivienda de los samis, escuchanos las palabras de Johan, patriarca de una familia sami que vive en Alta. Vestido con el colorista traje sami, confeccionado a base de lana de reno y otras fibras naturales, nos habla de que su pueblo ha habitado la región más septentrional de Europa, Laponia (que se extiende por territorio noruego, ruso, finlandés y sueco), desde tiempos inmemoriales. Desde luego, desde bastante antes de que otras gentes llegadas del sur intentaran eliminar los principales rasgos culturales y sociales samis, en una fiebre integradora que duró hasta bien entrado el siglo XX.












Mientras la mujer de Johan nos sirve un humeante guiso a base de carne de reno, patatas y zanahorias, él nos cuenta que los samis no temen a las auroras. Más bien les rinden un reverencial respeto, igual que hacen con el resto de las manifestaciones de la naturaleza, como la lluvia, como el viento que barre implacable las estepas y bosques desolados, o como la nieve, seductora e implacable, que todo lo cubre durante, al menos, seis meses al año. "Las luces del Norte son una prueba más de que nuestros antepasados siguen estando entre nosotros. Son ellos los que ciertas noches de invierno nos lo recuerdan, pintando con sus manos manchadas de grasa de reno, esas extrañas formas de colores en el cielo". Esa es una de las interpretaciones samis, porque a lo largo de nuestro viaje también hemos escuchado otra que dice que las auroras boreales las provocan los zorros, al correr por la estepa congelada, cuando levantan con su cola nubes de nieve que ascienden hasta la bóveda estrellada...









No parece extraña la abundancia de leyendas en torno a este fenómeno. El hecho de que se produzcan durante la casi interminable noche ártica, su impredictibilidad para la mayor parte de los mortales, las sinuosas danzas con que acompañan sus cambios cromáticos, a veces prolongados durante varias horas, dan para eso y más. Por ejemplo, para que muchos padres noruegos sigan convenciendo a sus hijos adolescentes de que vuelvan pronto a casa y no se entretengan por ahí fuera, con el pretexto de que "la aurora podría llevaros consigo".









Nada más lejos de la realidad. A no ser que la fascinación que ejercen estas luces en cualquier espectador te deje atrapado, olvidado de la soledad de la noche, con la mirada puesta en el cielo y el corazón sobrecogico ante tanta y misteriosa belleza. En cualquier caso, un dulce secuestro ante el que uno no sabría (o no querría) resistirse. A pesar del frío.




Fotos: David Santiago/Alfredo G. Reyes






martes, 1 de diciembre de 2009

Primeras impresiones en Orango

Isla de Orango, Guinea-Bissau, jueves 17 de septiembre de 2009


A mi querida familia y amigos:

Dado que no podremos hablar ni comunicarnos, al menos hasta que regrese al continente (y eso será el último día de mi estancia en Guinea-Bissau), he decidido escribiros todos los días y contaros mis experiencias. Es una buena forma de teneros presentes y también de que estéis al tanto de mis sentimientos, de mis impresiones y sensaciones, aunque sea con dos semanas de retraso.

El vuelo que nos trajo desde Lisboa hasta aquí fue realmente tranquilo y salimos en hora (a las diez de la noche, hora local). Eso sí, de dormir bastante poco, pues los nervios y la incomodidad del asiento, el calor y el hecho de que apagaron la luz casi dos horas después de despegar me lo impidieron. Pero alguna cabezadita eché. A la 1 y media (hora de Guinea Bissau) aterrizamos y fuimos inmediatamente a la terminal para pasar los trámites de inmigración. Después vino la larga espera para la salida de las maletas (casi una hora) que, milagrosamente, llegaron y lo hicieron íntegras. En la espera, se nos presentó Manuel, nuestro chófer, que trabaja para el Orango Hotel.

Gracias a él pudimos salir sin más contratiempos del último obstáculo de entrada, la aduana, donde no nos revisaron y pudimos pasar por el pasillo destinado a las tripulaciones y personal diplomático (nada excepcional, pues según nos contó Manuel, de lo que se trata es de dar todas las facilidades posibles al turista). Manuel fue a buscar nuestro pick up, y en la espera nos asaltaron varios "taxistas" y maleteros ofreciéndonos sus servicios. No os podéis hacer a la idea del caos que había ahí...

Algunos simplemente pedían dinero o un regalo. Y al más pesado de ellos, al fin pude quitármelo de encima regalándole un bolígrafo. Como ves, con bien poco se contenta la gente por estas latitudes...

Nos pusimos en marcha al fin. Le pregunté a Manuel cuál era la distancia que había hasta el hotel en donde dormiríamos esa noche y me dijo que unos 60 kilómetros, de los cuales unos 40 eran por pista asfaltada y el resto por un camino de tierra. En total, una hora y media hora de viaje.

No se equivocaba. Como es lógico, a esa hora la ruta estaba desierta, excepto en algún poblado donde, sorprendentemente, vimos a algunos muchachos paseando al borde del asfalto y varias mangostas, que se cruzaron rápidamente en nuestro camino. A la hora de viaje, más o menos, la carretera de asfalto desapareció bajo las ruedas del pick-up y ahí comenzó la auténtica aventura, a través de un camino de tierra roja, con socavones y alguna que otra zona desdibujada por efecto de las lluvias torrenciales que caen por aquí en esta época del año (temporada húmeda).


Llegamos al hotel, en Biombo, cerca de las 4 de la mañana. Cada uno teníamos asignada una cabañita, sencilla, casi monacal, pero bastante cómoda y, lo que es de vital importancia en el África Negra, con mosquiteras en las ventanas y sobre las camas.

Estábamos agotados, así que nos fuimos a cada habitación. Yo me desnudé y me metí en la cama, donde aún permanecí unos minutos escuchando los sonidos de la noche. Una sensación realmente espectacular, en la que destcaban los aullidos de algunos monos y los reclamos de aves desconocidas para nosotros.

A las 8 de la mañana ya estaba de nuevo en pie, pues habíamos quedado en desayunar a las 9. Me fui a la ducha comunal (por supuesto de agua fría), que resultó ser lo más parecido a los servicios de nuestros campings. Después, a arreglar la mochila para el viaje que nos esperaba. En cuanto al desayuno, muy sorprendente; al aire libre, con café, leche en polvo, zumo de naranja (más una solución a base de polvos con esencia de naranja y muy azucarados), queso, jamón, macedonia de frutas y un bizcocho riquísimo.
Inmediatamente nos fuimos para la barca de aluminio que nos conduciría a Orango, guiados por Armando, un muchacho muy simpático y atento, además de buen patrón y perfecto conocedor de estas aguas.

Nuestro destino, la isla de Orango Grande, se encontraba a unas dos horas, en una ruta que, al principio, resultó muy placentera y al final algo movida, pues unas nubes de tormenta empezaron a levantar olas, que al contacto con la barca hacía que ésta botara, dejándonos el culo bastante maltrecho.

Desde Biombo el viaje discurre en buena parte entre manglares. Más tarde, los manglares van dejando paso al mar abierto, aunque en todo momento flanqueados por islotes y pequeñas islas completamente cubiertas de vegetación. Todos ellos, hasta un total de 88, forman parte del archipiélago de las Bijagós, donde sólo están habitadas las islas mayores. La belleza y riqueza de este archipiélago ha supuesto la declaración de dos de sus zonas como Parque Nacional: Orango y João Vieira-Poilao. También la presentación de su candidatura a integrar la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, y a que su zona marítima esté declarada Reserva de la Biosfera por ese mismo organismo internacional.




La lluvia que empezó a caer a final de recorrido y los consabidos botes de la barca sobre la superficie rizada del mar nos recomendaron agazaparnos en nuestros asientos, hasta que sentimos cómo el motor bajaba de revoluciones. Estábamos llegando. Al levantar la vista, la primera impresión que tuve del lugar donde se encuentra el Orango Parque Hotel fue de auténtica sorpresa. Realmente no me esperaba una playa tan bonita, de arena blanca, flanqueada por una vegetación espesa, de un verde intensísimo.

Nos ayudó a bajar de la barca el personal del hotel e Iris, una de las biólogas que forman parte del proyecto que la organización CDB Hábitat está desarrollando en el archipiélago. Ella nos introdujo en el hotel y nos comentó el reparto de habitaciones: dos para los cuatro periodistas que formamos el grupo. Cuando le comentamos "mi problema" con los ronquidos, lo resolvieron enseguida. Yo, al cuarto de invitados de la casa donde vive el director del hotel, Laurent, un francés interesantísimo del que me imagino os hablaré en próximos días.



En ese momento conocimos también a Luis, biólogo expatriado de la Fundación CBD Hábitat y responsable último del desarrollo del proyecto. Luis es, además, el marido de Iris y con ellos dos tuvimos (tras descansar un poco en las habitaciones) una reunión informativa sobre el programa que desarrollaremos estos días en el archipiélago. Más o menos a las 2 estábamos comiendo. Otra sorpresa más: ensalada de pepino con orégano y aceite de oliva y pollo, preparado al estilo francés, con nata, y que estaba buenísimo. Y de postre, un buen mango. Realmente no me esperaba una comida tan occidentalizada y, sobre todo, tan diversa, pues en mis experiencias anteriores en el África Negra la verdad es que he comido bastante mal.

Después del café nos pusimos en marcha, recorriendo la playa hasta llegar a la tabanca (poblado) de Eticoga. Un buen puñado de cabañas de adobe y techados con fibras vegetales (algunas también con planchas de chapa) donde, aparte de vivir la mayor parte de la población de la isla de Orango, también tiene su sede la oficina del parque. Por cierto, que en las dependencias de ese organismo estos días está trabajando otra ONG española, Anawim, que recorre el país durante unos días de cada año (desde hace seis), tratando a las mujeres y hombres con problemas de visión, incluso operándolos de cataratas. Una bonita labor con alguna anécdota, como la que me contaron, de una mujer que se operó los dos ojos y que, gracias a eso, al fin pudo conocer cómo era el rostro de su propia hija, de 15 años de edad.



David, nuestro fotógrafo entró el quirófano; por supuesto con bata, gorro y patucos. Y estuvo fotografiando una operación. Pero yo, sinceramente, no tenía cuerpo para ver eso y aproveché para hablar con alguno de los médicos de esta ONG con sede en Elche y Valladolid.

Después conocimos a Augusto, hombre grande de Orango y firme candidato a convertirse en rey de las Bijagós, trono vacante tras la reciente muerte del anterior monarca. Uno nunca se espera encontrar un rey vestido con ropa de segunda mano de Coronel Tapioca, pero empiezo a ver que aquí nada es lo que parece y todo tiene una segunda lectura. Y son precisamente esas cosas las que realmente hacen grande este continente. A Augusto, hombre principal de la tabanca, le calculo unos 80 años, desde luego muy trabajados...



Con la ayuda de la traducción de Junior, un joven que anteriormente trabajó como maestro y que actúa como enlace entre CDB Hábitat y la población local, Augusto nos mostró la tumba de la Kinka Pampa, única reina que ha habido en las Bijagós y mujer importantísima en la historia del país, pues su habilidad para tratar con los portugueses, a principios del siglo XX, evitó la guerra. Su mausoleo no es sino una más de las cabañas de adobe del poblado, eso sí decorada con un puerta tallada con escenas de su vida. Augusto nos contó la historia de esta extraordinaria mujer en la propia tumba, que por cierto, no mostraba más artificio que un pequeño cartel donde pone su nombre, junto al del resto de miembros de su familia. Realmente parecía una cabaña más del poblado. Y la explicación la tuvimos luego: parece ser que los bijagós entierran a sus familiares en el suelo de su propia cabaña, de tal manera que varias generaciones pueden "convivir" en ellas sin más separación entre los muertos y los vivos que medio metro de tierra.

Antes, durante y después de la visita estuvimos acompañados por un coro de niños, simpatiquísimos y, de momento, bastante vírgenes de influencias europeas, probablemente porque hayan visto a pocos de esos hombres blancos que aparecen por los poblados dando caramelos y pequeños regalos a cambio de sus sonrisas, sin ser conscientes de que con eso generan necesidades que aquí no tienen ningún sentido; a estos niños se los ve felices, sin necesidad de artificios. Y esperemos que siga así mucho tiempo.




De regreso al hotel, siguiendo la línea de la playa, tuvimos la oportunidad de contemplar un atardecer precioso, al tiempo que observamos en vuelo a varias aves autóctonas (cuervos de pecho blanco, águilas, buitres de las palmeras, chotacabras...). Y sobre la arena, varios cangrejos fantasma, que tiene ese nombre porque su caparazón es completamente blanco, casi transparente.


Ya en el hotel, una refrescante ducha en el baño de Laurent y a comenzar con este diario para vosotros. En un rato me iré a cenar (son casi las 9 de la noche) y espero que muy pronto nos vayamos a la cama, pues realmente estoy agotado.


Mañana, día importante pues vamos a ver a los hipopótamos marinos. Seguiré contando nuestras aventuras.
Os quiero mucho a todos.